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mensaje de la chilena deportada

jueves, 11 de mayo del 2006 a las 21:16
guardado en

mensaje de la chilena deportada

Mi nombre es Valentina Palma Novoa, tengo 30 años, de los cuales los
últimos once he vivido en México. Soy egresada de la Escuela Nacional
de
Antropología e Historia y actualmente curso el cuarto año de
Realización
cinematográfica en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Tengo FM
3
de estudiante.
A continuación quisiera relatar a usted los acontecimientos de los que
fui
testigo durante los violentos incidentes ocurridos en el poblado de San
Salvador Atenco el Jueves 4 de Mayo del 2006, los cuales terminaron con
mi
expulsión del país de manera injusta y arbitraria.

1.- El día miércoles 3 de Mayo, luego de ver las noticias en televisión
y
enterarme de la muerte de un niño de 14 años, mi condición de
antropóloga
y documentalista hizo que me conmoviera con el deceso de éste pequeño
por
lo cual decidí dirigirme a San Salvador Atenco a registrar cual era la
situación real del poblado. Pasé allí la noche, registrando las
guardias
que la gente del pueblo había montado y realizando entrevistas en las
mismas. Hacía frío, me arrime a las fogatas que la gente del pueblo
había
montado mientras seguía registrando imágenes. La luz del amanecer
anunciaba un nuevo día: jueves 4 de Mayo. Han de haber sido como las 6
de
la madrugada cuando las campanas de la iglesia de San Salvador Atenco
comenzaron a sonar: tum tum tum tum, una y otra vez, mientras por el
micrófono se vociferaba que la policía estaba sitiando el poblado. Las
bicicletas iban de un lado a otro, la panadería de un costado de la
iglesia ya había abierto sus puertas y la calidez del olor del pan
recién
horneado inundaba la calle junto con el ir y venir de los campesinos en
bicicleta. El señor que vendía atoles me dijo que tuviera cuidado, que
los
que venían "eran muy cabrones". Me dirigí a una de las guardias, donde
los
campesinos miraban en dirección a la manada de policías que allá a lo
lejos se veía. Metí el zoom de la cámara, me di cuenta que eran muchos
y
que cubiertos por sus escudos avanzaban dando pequeños, imperceptibles
pasos. Sentí miedo, ellos eran muchos fuertemente armados y los
campesinos
pocos y desarmados. En la pantalla de mi cámara veo como uno de los
policías apunta y dispara hacia nosotros un proyectil que cuando llego
a
mi lado pude oler y sentir que era de gas lacrimógeno. Más y más gases
lacrimógenos rápidamente fueron sepultando la calidez del olor a pan
recién horneado y transformaron el angosto callejón en un campo de
batalla. El aire era ya irrespirable y me fui a la plaza mientras las
campanas sonaban con mas fuerza, por diferentes calles se veía a la
policía a lo lejos avanzar. La poca resistencia que hubo por parte de
los
campesinos dejo de resistir ante el ataque de las fuerzas policiales
que
abruptamente se avalanzaron sobre los pobladores. Apagué mi cámara y
junto
con los demás corrí lo más rápido que pude. Frente a la iglesia había
un
edificio público con las puertas abiertas y ahí me metí a esperar
ilusamente que la turbulencia pasara. Habían ahí dos jóvenes
resguardándose también ilusamente del ataque. Éramos tres y nos
mirábamos
las caras angustiados y con miedo. Cuidadosamente me asome a mirar a la
calle y ví como cinco policías golpeaban con toletes y patadas a un
anciano tirado en el piso sin compasión alguna. Sentí más miedo,
regresé y
le dije a los otros dos jóvenes que necesitábamos escondernos más, que
ahí
estábamos muy expuestos. Ilusamente nos subimos a la azotea y acostados
boca arriba mirábamos los helicópteros que como moscardones ronroneaban
en
el cielo, mientras el sonido de los disparos fueron formando parte del
paisaje sonoro del lugar. Una voz de hombre violentamente nos
gritoneaba
"bajen a esos cabrones que están en la azotea". Primero bajaron los dos
jóvenes, yo desde arriba miraba como los golpeaban y con pánico no
quise
bajar, ante lo que un policía gritó: "bájate perra, bájate ahora". Baje
lentamente, aterrorizada de ver como golpeaban en la cabeza a los dos
jóvenes. Dos policías me tomaron haciéndome avanzar mientras otros me
daban golpes con sus toletes en los pechos, la espalda y las piernas.
Mis
gritos de dolor aumentaban cuando escuche la voz de alguien que
preguntaba
por mi nombre para la lista de detenidos, respondí "Valentina,
Valentina
Palma Novoa" mientras un policía me ordenaba que me callara la boca y
otro
me golpeaba los pechos. Una voz de hombre ordeno que me taparan con los
escudos para que no vieran como me golpeaban. Se detuvieron a un
costado
de la iglesia y ahí me ordenaron que junto a los demás detenidos me
hincara y pusiera mis manos en la nuca. Siguieron golpeándonos, mi
celular
sonó y una voz ordenó que registraran mi bolsa. En ese momento fui
despojada de mi cámara de video, de mi celular y mi pequeño monedero
con
mis identificaciones y quinientos pesos. Me levantaron de los pelos y
me
dijeron "súbete a la camioneta puta". Apenas podía moverme y ellos
exigían
extrema rapidez en los movimientos. Me avalanzaron encima de otros
cuerpos
heridos y sangrantes y me ordenaron bajar la cabeza sobre un charco de
sangre, yo no quería poner mi cabeza en la sangre y la bota negra de un
policía sobre mi cabeza me obligo a hacerlo. La camioneta encendió
motores
y en el camino fui manoseada por muchas manos de policías, yo solo
cerré
los ojos y apreté los dientes esperando que lo peor no sucediera. Con
mis
pantalones abajo, la camioneta se detuvo y se me ordeno bajar,
torpemente
baje y una mujer policía dijo: "a esta perra déjenmela a mí" y golpeó
mis
oídos con las dos manos. Caí y dos policías me tomaron para subirme al
bus
en medio de una fila de policías que nos pateaban. Arriba del bus otra
policía mujer pregunto mi nombre mientras dos policías hombres
pellizcaban
mis senos con brutalidad y me tiraron encima del cuerpo de un anciano
cuyo
rostro era una costra de sangre. Al sentir mi cuerpo encima el anciano
gritó de dolor, trate de moverme y una patada en la espalda me detuvo,
mi
grito hizo gritar al anciano nuevamente, que pedía a dios piedad. Una
voz
de mujer me ordeno que me acomodara en la escalera trasera del bus, así
lo
hice y desde ahí pude ver los rostros ensangrentados de los demás
detenidos y la sangre esparcida en el piso. Sin estar yo sangrando, mis
manos y ropa estaban salpicadas de sangre de los otros detenidos.
Quieta y
escuchando los quejidos de los cuerpos que estaban a mi lado, escuchaba
como seguían subiendo detenidos al bus y preguntando sus nombres en
medio
de golpes y gritos de dolor. No se cuanto tiempo pasó, pero el bus
cerró
sus puertas y hecho a andar. Dimos vuelta cerca de dos o tres horas. La
tortura comenzó y cualquier pequeño movimiento era merecedor de otro
golpe
más. Cerré los ojos y trate de dormir, pero los quejidos del anciano
que
estaba a mi lado no lo permitieron, el anciano decía: "mi pierna, mi
pierna, dios, piedad, piedad por favor". Lloré amargamente pensé que el
anciano moriría a mi lado, moví mi mano y trate de tocarlo para darle
un
poco de calma, un tolete fue a dar sobre mi mano, ante lo cual, con un
gesto, pedí compasión al policía que dejo de golpearme. Queriendo darle
un
poco de amor acaricie la pierna del anciano que por unos momentos dejo
de
quejarse. Le pregunte su nombre y me respondió. "Si me muero no lloren,
hagan una fiesta por favor". Lloré en silencio sintiéndome sola en
compañía de los otros tantos cuerpos golpeados, pensando lo peor; que
nos
llevarían a quien sabe que lugar y que ahí nos matarían y
desaparecerían a
todos. Por un momento me dormí, pero el olor a sangre y muerte me
despertó. Al abrir los ojos vi la pared de una cárcel. El bus se detuvo
y
una voz ordenó que bajáramos por la puerta trasera. Me ordenaron
pararme y
la puerta se abrió y mi cara llorosa y descubierta vió una fila de
policías, sentí miedo otra vez. Desde abajo una voz ordenó que se
cerrara
la puerta y que los detenidos debían salir con el rostro cubierto. Un
policía me tapó la cabeza con mi chamarra y las puertas volvieron a
abrirse otra vez. Abajo del bus un policía me agarro con una mano de
los
pantalones y con la otra mantenía mi cabeza gacha. La fila de policías
comenzó a tirar patadas a mi cuerpo y al de los demás detenidos que
eran
parte de la fila. La puerta del penal se abrió y nos avanzaron por
estrechos pasillos en medio de golpes y patadas. Antes de llegar a una
mesa de registro, cometí el error de levantar la cabeza y mirar a los
ojos
de un policía, el cual respondió a mi mirada con un golpe de puño duro
y
cerrado en mi estómago que me quitó el aire por unos momentos. En la
mesa
preguntaron mi nombre, mi edad y nacionalidad, luego de eso me metieron
a
un cuarto pequeño donde una mujer gorda me ordeno quitarme toda la
ropa,
pedía rapidez ante mi torpeza producto de los golpes. "Señora estoy muy
golpeada, por favor espere" le dije. Me revisó, me vestí nuevamente y
volvió a cubrir mi cara con la chamarra. Salí del cuarto y nos
ordenaron
hacer una fila de mujeres para ingresar formadas y cabeza abajo al
patio
del penal, que luego me entere que le decían "almoloyita" en la ciudad
de
Toluca.
Han de haber sido las dos de la tarde del jueves 4 de Mayo cuando ya
estábamos dentro de las instalaciones del penal. Nos llevaron a un
comedor
y nos separaron a hombres y mujeres. En una esquina, en medio de
llantos
las mujeres nos contábamos las vejaciones de las que habíamos sido
objetos. Una joven me mostró sus calzones rotos y su cabeza abierta
llena
de sangre, otra contaba que la habían llevado en medio de dos camiones
mientras la golpeaban, vejaban y decían "te vamos a matar puta". Otra
joven me comento que tal vez y estaba embarazada, todo en medio de
llantos
y apretones de manos solidarios. El estado de shock entre las mujeres
era
evidente. En frente nuestro los hombres conversaban entre ellos
mientras
nosotras observábamos sus rostros sangrantes y deformados producto de
la
brutal golpiza. En eso estábamos cuando una mujer se acerca a nosotras
y
empieza a dar algunos nombres y pide que nos separemos del grupo.
Éramos
cuatro: Cristina, María , Samantha, Valentina. Se nos une al grupo un
quinto; Mario.
Éramos los cinco extranjeros detenidos. Al momento llega un hombre,
creo
que era el director del penal y nos dice que allí donde estábamos,
estábamos seguros, que aquí nadie nos golpearía, que lo que hubiese
pasado
antes de ingresar al penal no tenía nada que ver con el, como si dentro
del penal no nos hubiesen también golpeado. Le pedimos hacer una
llamada,
petición que nos fue negada. Mientras los detenidos visiblemente mas
heridos eras sacados del lugar rumbo al centro de atención médica que
había dentro del penal; no eran unos ni dos, de los ciento y tantos
detenidos que éramos, han de haber habido unos 40 con lesiones
gravísimas.
Uno de los primeros en salir fue el anciano moribundo que a mi lado en
el
camión iba, a quien no volví a ver nunca más. Nos llegó el turno a los
extranjeros de ir a hacernos el chequeo médico. Yo tenía moretones en
los
pechos, la espalda, hombros, dedos, muslos y piernas, se recomendó
hacerme
una radiografía de las costillas pues me costaba respirar, cosa que en
ningún momento se hizo. La enfermera que tomaba nota y el médico que me
atendió actuaban con total indiferencia a mi persona y las lesiones que
presentaba. Salí de la oficina médica a esperar que Cristina, María,
Samantha y Mario terminaran el chequeo. El seudo chequeo médico terminó
y
nos llevaron a una sala para tomarnos declaración. Extrañamente un
licenciado salido de quien sabe donde nos recomendó que no prestásemos
declaración, comentario que era contradicho por las personas que
estaban
tras la maquina de escribir. "Esta bien si no quieres declarar, estas
en
tu derecho, pero sería bueno que dejaras constancia de lo que te pasó"
me
decía una licenciada. Mientras hacíamos las declaraciones, comenzaron a
llegar al lugar muchos hombres de corbata que haciéndose los chistosos
y
amables nos preguntaban quienes éramos y como y porque habíamos llegado
al
poblado de Atenco, que si acaso sabíamos lo peligrosa que era esa
gente.
Cayó la lluvia y nos trasladaron al comedor con todos los demás
detenidos,
se nos obligó a sentarnos y no podíamos establecer contacto con los
detenidos mexicanos, si queríamos ir al baño debíamos pedir permiso.
Llegaron funcionarios de derechos humanos a tomarnos declaración y
fotos
de nuestras lesiones, las declaraciones fueron tomadas sin interés,
mecánicamente. Se nos obligó a que registráramos nuestras huellas, nos
tomaron fotos de frente y ambos perfiles, nos dijeron que eso no era
una
ficha, que era un registro necesario pues era muy probable que en la
madrugada saliéramos en libertad y que para eso se necesitaba hacer la
ficha. Una olla de café frío y una caja con bolillos fueron la cena. Ha
de
haber sido la media noche y me acosté en una dura banca de madera a
tratar
de dormitar un poco, fue imposible, hacía frío y no tenía cobija. Del
lado
de los hombres, un rasta se dio cuenta de mi impaciencia ante el no
poder
dormir y comenzamos a hablarnos de un lado a otro con señas. Estábamos
en
eso cuando se presenta un custodio y comienza a dar los nombres de los
cinco extranjeros. Nos levantamos, dimos un pequeño adiós a los demás
detenidos y abandonamos el lugar. Nos llevan a un lugar de registro,
nos
entregan nuestras pocas pertenencias y nos sacan del lugar camino a una
camioneta diciéndonos que nos llevarían a una oficina de migración en
Toluca. Afuera del penal escuche voces conocidas que gritaban mi
nombre,
me acerco a las rejas y puedo distinguir a muchos de mis amigos que me
preguntan como estoy, les digo que mas o menos y que nos llevan a
migración de Toluca. Ellos me dicen que me van a seguir que no me van a
dejar sola. Mi tía Mónica me pasa un sobre que contiene mis documentos
migratorios y María Novaro, mi maestra y mamá en México, me da una
chamarra para el frío. Así me subo a la camioneta que cierra sus
puertas y
oscuros nos vamos. Pasamos a una oficina en Toluca a buscar a una
licenciada y de ahí nos llevan a la estación migratoria de las agujas
en
el DF.
Han de haber sido las tres de la madrugada cuando llegamos a la
estación
migratoria. Ahí una vez mas, un médico de mala gana constató lesiones.
Dormitamos un rato porque a la hora en que llegamos no era horario de
oficina, así que no habían muchos funcionarios en el lugar. Dieron las
7
de la mañana y un auxiliar nos llevo cereal con leche. Luego me tomaron
declaración, una declaración en donde además de preguntar por mis datos
personales, me hicieron preguntas cómo: conoces al EZLN?, has estado en
Ciudad universitaria?, participaste en el foro mundial del agua?,
conocías
a los otros extranjeros detenidos?, etc. Firme la declaración a la que
se
adjunto mi documento migratorio, una carta de mi centro de estudios,
una
carta de mi maestra María Novaro, mi pasaporte, mi cedula de identidad
chilena y mi credencial internacional de estudiante. Estaba en eso
cuando
recibo una llamada del cónsul de Chile en México, quién me pregunta mi
nombre, el numero de mi cedula de identidad y si tengo algún pariente
en
México, me informa que lo que el puede hacer es velar que el proceso
correspondiente se realice en las condiciones legales pertinentes.
Regreso
a continuar mi declaración y las preguntas sobre el EZLN, el sub
comandante Marcos y Atenco se repiten. Mientras tanto afuera de la
estación migratoria se habían congregado amigos y familiares, con los
cuales no se me permite comunicar, traté de hacerlo a través de señas y
carteles, pero incluso eso nos es negado. Me llevan a un cuarto en
donde
hay tres hombres que me dicen que están ahí para ayudarme, ellos me
toman
fotos de frente y ambos perfiles y en todo momento graban la
conversación.
Me preguntan mi nombre y si tengo algún alias, que si conozco al EZLN,
que
si he ido a la Selva Lacandona, que les de nombres que puedan dar
antecedentes de mi, que qué tipo de documentales me gusta realizar. Me
dicen que mi amiga América del Valle esta preocupada por mi porque me
había perdido mientras escapábamos del lugar, mujer de la cual recién
en
Chile me entero que es una de las dirigentes de Atenco que la policía
persigue. Al terminar el interrogatorio, mis huellas dactilares son
tomadas en una maquina muy sofisticada que va a dar a una computadora.
Me
sacan de la sala y me llevan a otra donde hay tres visitadoras de la
comisión nacional de derechos humanos y luego de que las dos españolas
y
yo les contamos lo que hemos vivido, nos recomiendan urgentemente
solicitar un abogado para que se gestione un recurso de amparo ante una
posible deportación. El ambiente ya es tenso, así que le pido a una de
las
abogadas una pluma y un papel, para escribir
"1 abogado" y mostrárselos por la ventana a mis amigos que están
afuera,
en ese momento entra un licenciado de migración y al verme escribiendo
me
dice: "necesitas un abogado?, yo soy abogado, cual es tu problema", le
contesto que quiero poner un amparo, ante lo que el me responde que no
es
conveniente poner un amparo porque el amparo implicaría estar en la
estación migratoria un mes y que lo mas probable era que pronto
saliésemos
en libertad, las visitadoras de derechos humanos, lo increpan y le
dicen
que por favor me dejen hablar con alguna de las personas que están
afuera.
La visita se concede y hablo con Berenice, con quien me dejan hablar
cinco
minutos, a ella le digo que necesito un amparo y me dice que eso ya
esta.
Me despido abruptamente de ella y luego me llevan a hacerme un chequeo
médico por segunda vez en esta estación migratoria, estoy en eso,
cuando
un licenciado llega apresuradamente a interrumpir el chequeo y me dicen
que me van a trasladar a otro lugar, yo pregunto que adónde y no se me
da
respuesta. Al salir de la consulta médica me encuentro a una de las
visitadoras de derechos humanos y le digo que por favor avise a mis
amigos
que están afuera que me van a trasladar, le pregunto al licenciado que
adonde me llevan y me responde que a las oficinas centrales de
migración,
no me dejan seguir hablando con el y me suben a un auto particular en
el
que también estaba Mario, mi compatriota. Me subo, se suben tres
policías,
se cierran las puertas y una policía pide cerrar las ventanas. La reja
de
la estación migratoria se abre y el carro se va como escapándose de
algo.
Íbamos por periférico a más de 100 Km. por hora en medio de un tráfico
contundente. Pregunto que adonde nos llevan y no obtengo respuesta, ya
en
el camino, me doy cuenta que vamos rumbo al aeropuerto y que delante de
nosotros van dos carros más; uno con Samantha, la alemana y otro con
María
y Cristina, las dos españolas. Ante la inminencia de la expulsión
injustificada en todo momento, no me queda más que cerrar los ojos y
apretar los dientes y pensar: otra violación más. Llegamos al
aeropuerto
como a las 6 de la tarde. Nos bajan de los autos y nos ingresan
custodiados a una sala completamente blanca donde nos mantienen
detenidos
una hora o más. Luego nos ingresan a las salas de espera al interior
del
aeropuerto, donde nos mantienen custodiados. Primero sale el vuelo de
Samantha. Seguimos esperando y en la espera yo no hago mas que llorar,
me
siento mal, me paró y trato de caminar por el pasillo, se me acerca una
custodia y me dice que debo estar sentada, "me siento mal" le digo, "no
me
voy a escapar, déjame". Sigo llorando y un policía se acerca y me dice:
"ya no estés así, no conviene esa actitud, si te sirve de consuelo,
déjame
decirte que no estas deportada, que solo has sido expulsada del país,
pero
puedes volver a entrar en cualquier momento". Ilusamente sus palabras
me
calman. Nos llevan a un bar a fumarnos unos cigarros porque todas
estamos
muy alteradas. El vuelo de Lan chile de aproximadamente las once de la
noche es anunciado, a mí y a Mario nos llaman, nos despedimos de María
y
Cristina con un apretado abrazo. Nos formamos en la fila y nos entramos
al
avión. Dentro del avión uno de los pasajeros se acerca a mí y me
entrega
unas cartas que han mandado mis amigos que estaban afuera haciendo todo
lo
posible para detener esta injusta expulsión. Caen mis lagrimas de no
saberme sola, la custodia que va a mi lado, me dice que qué me pasa, le
cuento mi caso; le digo que llevo viviendo en México 11 años, que mi
vida
esta en ese país, que nunca se me dijo que estaba pasando, que todo el
procedimiento ha sido ilegal, que he sido golpeada y vejada por la
policía. Me dice que a ella le avisaron 30 minutos antes de subirse al
avión que viajaría a Chile, que a ella no le dijeron nada, pero que si
notaba que algo raro hubo en el procedimiento, porque normalmente antes
de
deportar a alguien se pasa mínimo un mes en la estación migratoria, que
ha
de haber sido una orden dada desde arriba. Ya asumiendo mí expulsión me
pongo a platicar con ella y le digo que lugares de Santiago puede
visitar
el corto tiempo que dure su estadía. El cansancio y la impotencia son
demasiadas, me duermo. Me despierto con la cordillera de los Andes en
la
ventanilla del avión. Bajamos del avión, nos entregan a policía
internacional, donde nos toman declaración del porque de nuestra
deportación y/o expulsión. Afuera me esperaba mi familia, llantos,
besos,
abrazos. Nos vamos al hospital a constatar lesiones y rápidamente
armamos
una conferencia de prensa con televisión y radio, en donde denunciamos
la
ilegalidad de nuestra expulsión y la brutalidad policial de la que
fuimos
objeto.

2.- Después de lo que les he contado quisiera hacer de su conocimiento
mi
total rechazo, indignación y rabia ante:

a) la utilización de la violencia física, psicológica y sexual como
arma
de tortura y coerción en contra de las mujeres.
b) la brutalidad policial de la que fuimos objeto todos los detenidos,
más
allá de nuestras nacionalidades.
c) la ilegalidad de mi deportación en dos sentidos: por haber estado
mis
papeles migratorios en regla y por el rechazo al amparo presentando,
argumentando mi ausencia en el país, cuando yo aun estaba en México.

3) Por lo expuesto anteriormente anterior, estamos estudiando con
nuestros
abogados, orientar nuestras acciones tendientes a lograr:
a)Se nos restituya el derecho a seguir estudiando en México por medio
de
todo tipo de gestiones con el gobierno chileno y mexicano;
b)gestiones a nivel diplomático con la embajada de México en Chile;
c)poner una querella criminal contra la policía por delito de lesiones
d)entablar una demanda contra el estado mexicano por deportación
ilegal.

¡No a la violación , no al uso de mujeres y hombres como objetos, no a
la
brutalidad y a la tortura, no a la justificación de la violencia!
Atte.
Valentina Palma Novoa
valenpalma@hotmail.com
teléfono celular en Chile: 08-2972308

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Comentarios sobre mensaje de la chilena deportada

atenco vive atenco vive

somos sobrevivientes de la represion brutal en nuestro atenco yo te vi en el comedor en el penal junto a la compa que perdio sus documentos cuando fue sub a atenco esa vez y lo que tu viste lo vivimos todos en todos los bus que nos llevaron a ese maldito lugar ya en mi casa y ver la magnitud de la masacre y escuchar con horror todos los testimonios nos empuja a seguir por los compas que se quedaron a merced de esos malditos .... salimos ayer 12 de mayo -06 unos cuantos  pero se quedaran 28 en esa carcel y a hora mas que nunca necesitamos de esa solidaridad combativa estemos donde estemos aqui todavia hay redadas de policia encubierta.......  atenco vive ...la lucha sigue

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